

En España, donde los festivales de música clásica, flamenco y rock conviven durante todo el año, el vínculo entre el cuerpo y el ritmo ha sido tradicionalmente protagonizado por los pies que zapatean o las palmas que marcan el compás. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en PLOS Biology sugiere que uno de los gestos más automáticos e inadvertidos del cuerpo humano también se deja llevar por la música: los parpadeos. Y no de forma aleatoria, sino siguiendo el pulso del beat como si de un metrónomo interno se tratara.
Este hallazgo, liderado por Yiyang Wu, Xiangbin Teng y Yi Du, ha sorprendido incluso a los propios investigadores, pues desvela que los ojos —en concreto los parpadeos— pueden sincronizarse espontáneamente con el ritmo musical. La investigación, que involucró a más de 120 participantes en una serie de cuatro experimentos, se adentra en una dimensión poco explorada de la sincronización auditivo-motora, un fenómeno típicamente asociado a movimientos voluntarios como aplaudir, tararear o marcar el ritmo con los pies.
Parpadear al ritmo: un nuevo tipo de sincronía musical
En el primer experimento, los participantes escucharon corales de Bach a 85 pulsaciones por minuto mientras sus parpadeos eran monitorizados mediante un sistema de seguimiento ocular y sus cerebros registrados con electroencefalografía (EEG). Lo curioso es que, sin que nadie les pidiera seguir el ritmo, los parpadeos empezaron a coincidir con los tiempos fuertes de la música.
Pero ¿es esto una respuesta automática al sonido? ¿O tiene algo que ver con la atención que prestamos a la música? Para indagar en ello, los investigadores repitieron la música… pero al revés. Sorprendentemente, aunque la progresión armónica resultaba extraña e incluso poco agradable, el patrón de parpadeos seguía sincronizado con el ritmo. Esto sugería que no era necesario comprender o disfrutar la música para que se activara este tipo de sincronía, siempre que hubiera una estructura rítmica constante.
¿Basta con el ritmo?
Para comprobar si el parpadeo seguía el ritmo por la melodía o simplemente por la estructura temporal, los autores diseñaron un segundo experimento con secuencias de tonos simples sin contenido melódico, pero con el mismo patrón rítmico que las piezas originales.
El resultado fue claro: los parpadeos también se sincronizaban con estos sonidos “sin alma”, lo que indica que la presencia de una métrica estable es suficiente para activar este mecanismo. Eso sí, cuando el tempo aumentaba a 120 pulsaciones por minuto, el fenómeno disminuía notablemente. Es decir, hay un límite de velocidad a partir del cual nuestros ojos ya no pueden seguir el ritmo.
Cuando el parpadeo revela atención
En el tercer experimento, los investigadores quisieron saber si esta sincronización tenía alguna función más allá de ser una simple respuesta pasiva. Para ello, pidieron a los participantes detectar desviaciones de tono en las secuencias musicales mientras se registraban sus parpadeos. Aquellos que parpadeaban más sincronizadamente con el beat resultaron ser también los más certeros en detectar las anomalías. Esto sugiere que la sincronía entre parpadeo y música no solo es un fenómeno curioso, sino que está relacionado con la manera en la que prestamos atención al sonido.
Sin embargo, cuando se realizó un cuarto experimento donde los participantes hacían una tarea visual al azar mientras escuchaban música, la sincronía desapareció. Lo que indica que para que el cuerpo se alinee con la música, hace falta que la mente también esté, al menos parcialmente, centrada en ella.
¿Qué ocurre en el cerebro mientras parpadeamos?
El estudio no se limitó a observar parpadeos. Gracias al uso de EEG, los investigadores comprobaron que los ritmos neuronales también se sincronizaban con los pulsos musicales, y que existía una correlación directa entre esa actividad cerebral y el momento de los parpadeos. Es decir, el cerebro anticipaba los pulsos del ritmo, y esa predicción parecía influir en cuándo se producía un parpadeo.
Además, utilizaron modelos computacionales avanzados (como la función de respuesta temporal) para mostrar que la actividad neuronal se incrementaba justo antes del parpadeo. Esto refuerza la idea de que no estamos simplemente reaccionando a la música, sino que nuestros cerebros están activamente prediciendo y ajustando comportamientos en función del ritmo percibido.
Una de las conclusiones más intrigantes del estudio tiene que ver con la estructura del cerebro. Utilizando imágenes por resonancia magnética de difusión, los investigadores observaron que las personas cuya materia blanca en ciertas regiones del cerebro —en concreto, en el fascículo longitudinal superior izquierdo— presentaba una microestructura específica, eran mejores sincronizando sus parpadeos al ritmo. Esta zona conecta áreas auditivas, visuales y motoras del cerebro, lo que podría explicar por qué algunas personas tienen una facilidad natural para seguir el ritmo… incluso con los párpados.
Implicaciones futuras: de la música a la medicina
Este descubrimiento, además de fascinante, abre una puerta a posibles aplicaciones clínicas. El parpadeo es un comportamiento semiautomático, fácil de medir y no invasivo. Si se demuestra que está vinculado a la atención, el procesamiento auditivo y la predicción temporal, podría convertirse en un biomarcador útil para diagnosticar o seguir la evolución de trastornos neurológicos y del desarrollo como el TDAH o el autismo, en los que estas funciones suelen estar alteradas.
Además, podría utilizarse para evaluar la eficacia de terapias musicales o auditivas, o incluso como una herramienta educativa para mejorar la atención y el ritmo en niños con dificultades de aprendizaje.
El cuerpo también escucha
Este hallazgo pone de relieve una vez más lo profundamente entrelazados que están nuestro cuerpo y nuestra mente, incluso en actos tan aparentemente simples como un parpadeo.
En España, donde el cante, la guitarra y el ritmo marcan el pulso de la cultura popular desde hace siglos, no es extraño pensar que nuestro cuerpo ha desarrollado una sensibilidad especial para el compás. Que nuestros ojos también “escuchen” y marquen el ritmo añade un nuevo capítulo a la historia de cómo sentimos, procesamos y nos relacionamos con la música.
Fuentes utilizadas en este artículo
Wu Y, Teng X, Du Y. Eye blinks synchronize with musical beats during music listening. PLoS Biol. 2025;23(11):e3003456. doi:10.1371/journal.pbio.3003456
Evans MG, Gaeta P, Davidenko N. Absolute pitch in involuntary musical imagery. Atten Percept Psychophys. 2024;86(6):2124-2135. doi:10.3758/s13414-024-02936-0
Wohltjen S, Wheatley T. Interpersonal eye-tracking reveals the dynamics of interacting minds. Front Hum Neurosci. 2024;18:1356680. doi:10.3389/fnhum.2024.1356680